Actualmente entras en una librería, de esas a las que ya casi nadie va, y lo primero que te encuentras es una sección dedicada a los libros de bolsillo. Esos libros que son como los «de verdad» pero más pequeños. Y yo me pregunto: ¿qué sentido tiene este formato en el siglo XXI? Quizás lo tuvo veinte o treinta años atrás, cuando no existían los Kobo ni los Kindle y llevar un libro de pesadas dimensiones era todo un desafío.
El formato no es nuevo: Penguin lo empezó a vender en 1935 con sus clásicos a seis peniques, y en España hizo lo mismo Austral con sus colecciones allá por 1937 o mismamente Alianza Bolsillo en 1973, de hecho yo todavía conservo unos 40 ejemplares de esa misma colección. La gracia era el precio y el tamaño, y de ahí viene todo lo demás.





Hoy en día, el que compra un libro en papel es porque le gustan los libros en papel. Porque si lo que quieres es leer lo puedes hacer de muchas formas diferentes, no solo comprando un libro. En las librerías, no solo ocupan espacio físico restándoselo a secciones más necesarias, como la de ciencias, que siempre escasea, sino que además, suelen ocupar una posición preferente por su atractivo economico. Por otro lado, si por algún casual alguien te regala un libro de este tipo y no lo puedes devolver, has de pelearte con la letra minúscula que te ofrece. Y no es casualidad que la letra sea tan pequeña: la edición de bolsillo abarata los costes con papel de fumar, que aun encima se vuelve amarillo al cabo de unos años, va encolado en lugar de llevar hilos y un texto de un tamaño de ocho o nueve puntos para meter la máxima cantidad de letras posibles en unos 11 × 17,5 cm. El resultado es un libro que se abre mal, se queda marcado y huele a viejo antes de tiempo, desagradable veas por donde lo veas.
Que el formato siga vendiendo bien es un hecho; lo que no acabo de ver es que eso lo convierta en buena idea para quien ya ha decidido leer en papel.
Dejémonos ya de ediciones de bolsillo: o te compras un libro «normal», con tapa dura o tapa blanda, o te compras un Kobo y la edición digital, que seguro es tan asequible como la edición de bolsillo.
